miércoles, 5 de diciembre de 2012


        …Nuestro último verano...

Era un día lluvioso, demasiado lluvioso para estar en verano. Marta se encontraba frente a la ventana, observando como caían las gotas de agua sobre las hojas de los árboles. Le gustaba ver como las recorrían, como si fueran por un camino. Era ya demasiado tarde y tenia que irse a dormir. Pero no sabía que al día siguiente algo le cambiaría la vida…
-Marta, Marta-susurraba su madre.
-¿Mamá? ¿Que hora es?
-Son las 5:00 de la mañana, tenemos que irnos…
-¿Dónde? Es muy temprano…
-No empieces ya a quejarte, te va a gustar, y podrás dormir por el camino.
-Vale, ya voy-dijo Marta casi durmiendo.
Marta se duchó, se vistió y bajó a la cocina para desayunar. Allí se encontraban sus padres y su hermana, Amanda, con maletas. Apenas entraba el sol por las ventanas, solo un pequeño rayo que se colaba entre las cortinas.
-Marta, ¿tu sabes donde vamos?-Pregunto Amanda mientras bostezaba.
-No, no lo se, y por lo que veo, tu tampoco-dijo Marta.
Apenas subieron al coche las dos chicas se quedaron dormidas. El ruido y la luz despertaron a Marta.
-¿Dónde estamos?-Pregunto ella
-No se, míralo tu misma-dijo su padre.
Marta se quedó sin palabras cuando se asomó por la ventanilla del coche.
-¡Roma!-gritó Marta.
-¿¡Qué!?-Exclamó Amanda mientras se despertaba.
-Así es chicas, estamos en Roma.
Los ojos de las chicas se abrieron como platos. Las dos estaban entusiasmadas y llenas de alegría.
Llegaron al hotel, era muy grande y llamativo. Tenía gárgolas hermosas que se encontraban en dos altas torres y la fachada era de un burdeos muy bonito. Apenas entrar se veía una magnífica escalera con una alfombra roja que la cubría. El suelo era tan brillante que se reflejaban en él. Un mostrador muy grande y largo se encontraba en el fondo de la recepción.
-¡Guau!-exclamó Amanda.
¿Puedo ayudaros?
Una voz detrás de ella ofreció su ayuda. Marta se dio la vuelta y había un chico. Debía tener más o menos su edad. Era moreno, tenía los ojos verdes e iba bien vestido.
-Hola, soy Paolo-dijo el chico estrechando la mano al padre.
-Hola, yo soy Luís, y esta es mi familia: mi esposa Carmen y mis dos hijas Amanda y Marta,-dijo el padre señalando a cada una.
Los ojos de Marta se centraron en los de Paolo.
-¡Marta, Marta!-exclamó su padre mientras le sacudía.
-Eh, ¿si papá?
-¿Es que no me has escuchado? Te he dicho que sí puedes irte con él.
-¿Con quién? ¿Dónde?-dijo Marta indecisa.
-Paolo te ha dicho si te quieres ir con él a visitar la ciudad.
-¡Ah! Claro que sí-dijo Marta intentando disimular.
-A las 6:30 paso por ti, encantado de conocerles.
-Vale, te espero, encantada de conocerle.
A las  6:30 Marta se dirigía hacia la puerta de la habitación del hotel para bajar, cuando alguien llamó a la puerta. Paolo se encontraba tras el umbral y esta vez fue él quien se quedó fascinado con ella.
-¿Vamos?-dijo Marta.
-Va…va…vamos-dijo Paolo.
Los dos salieron por la puerta del hotel, y nada más salir, Paolo le regaló una rosa roja y una caja de bombones.
-¡Gracias!-exclamó Marta.
-No hay de que… un regalo de bienvenida.
Paolo le enseñó la ciudad y muy pronto se hizo de noche. Roma por la noche era aún más bonita que de día. Estaba llena de luces y de gente. Paolo llevó a Marta a cenar a un restaurante discreto y muy elegante. Cuando terminaron de cenar fueron a tomar un helado y luego a dar un paseo.
Se hizo tarde y… tuvieron que despedirse.
-Si quieres mañana noche paso por ti.
-Vale, ¡hasta mañana noche!
-¡Hasta mañana noche!-dijo Paolo después de darle un suave beso en la mejilla.
Marta entró en la habitación sigilosamente para no despertar a su familia y se acostó en la cama.
…Llegó el día y un rayo de sol en sus ojos hizo que se despertara. Se levantó y fue al salón.
-Buenos días, cariño-dijo su madre.
-Buenos días-dijo Marta con ojos de sueño.
-¿A qué hora llegaste? No te oímos entrar-dijo su padre.
-A las 12 en punto.
-¿Y como te lo pasaste? ¿Es buen chico? ¿Cuántos años tiene?-preguntaba su padre intentando saberlo todo.
Amanda se despertó. Esto hizo  que cambiaran de conversación y Marta se salvara de responder a todas esas preguntas.
La familia salió a visitar la ciudad. Se hizo la hora de comer. Fueron a un restaurante. Después visitaron el Coliseo Romano y de allí de vuelta al hotel. Entre tanta actividad se hizo la hora de quedar con Paolo. Se lo pasó muy bien, igual que las noches siguientes.
Un día, Paolo le dijo a Marta que quería enseñarle una cosa.
Como las noches anteriores, él pasó por la puerta de la habitación de ella. Dieron un paseo y después él le vendó los ojos. Cuando le quitó la venda Marta se encontraba en una azotea. Al fondo se encontraba una mesa con todo dispuesto para cenar  y un jarrón con una rosa adornaba  el centro de la mesa. Tenía una vista preciosa de toda la ciudad, llena de luces. Después se tumbaron para contemplar las estrellas. Justo cuando estaban mirando los dos al cielo, pasó una estrella fugaz.
-¡Pide un deseo!-exclamó Paolo.
Marta deseó que fuera  el mejor verano de su vida.
-¿Y tu que deseo has pedido?-preguntó Marta intrigada.
-No he pedido nada, mi deseo era conocer este verano a una persona muy especial, una persona que me cambiaría la forma de ver la vida, una persona con la que compartir mis secretos…y ese deseo ya se cumplió cuando llegaste. Marta, siento como si te conociera de toda la vida…
Poco a poco Paolo se fue acercando a Marta, hasta que sus labios estuvieron en contacto con los de ella. Hubo un largo silencio hasta que Paolo le dijo a Marta al oído las dos palabras más bonitas que alguien le había dicho hasta ahora…
-Te quiero.
Marta sintió como algo le recorría el estomago, una cosa que no había sentido en su vida. Hasta que se acordó de esa sensación que oía en todas las películas que había visto y que siempre creyó que no existía, algo llamado: mariposas en el estómago, o mejor dicho, amor.
Marta llegó a su casa y su padre estaba sentado en el sofá esperando a que ella llegara.
-Hola cariño, ¿Cómo te lo has pasado?-preguntó su padre.
-Muy bien papá, me voy a la cama, buenas noches, te quiero.
Al oír esas dos palabras, de nuevo volvió a sentir esa sensación. Esa noche soñó con Paolo.
Pasaron días, semanas, y Marta salía todos los días con Paolo.
Ella creía que a los 16 años no podía sentir aquello tan fuerte. Hasta que lo conoció.
Lo que ella no sabía es que algo le haría mucho daño, algo que no olvidaría en la vida.
Una mañana, cuando Marta se despertó, vio a su madre llorando.
-Mamá, ¿Qué pasa?-pregunto Marta asustada.
-¡Marta!-exclamó su madre mientras la abrazaba.
-¡Mamá, ¿Qué pasa?!-repitió Marta más asustada aún.
-Han llamado, es Paolo…
A Marta un escalofrío le recorrió el cuerpo.
-Un accidente se lo ha llevado-continuó su madre.
Marta se tiró en la cama y se puso a llorar.
-Estaba con sus amigos y me dijeron sus últimas palabras: decirle que la quiero, que no llore mi muerte y que vaya donde vaya conmigo estará siempre.
-¡No puede ser!-gritó Marta entre lágrima y lágrima.
-Lo siento mucho, hija-dijo su padre.
Terminó el verano y Marta estuvo durante meses en su cama, con la compañía de un paquete de pañuelos. Pero ella supo que ese fue el mejor verano de su vida, aunque el último entre ellos dos…
                                                                                          
                                                                                       …Fin…

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